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Entrevista de Amit Nagpal a Michael Thallium

If you wish to read the original interview on Dr Amit Nagpal web page, please click on the following link “Interview with Mr Michael Thallium, Greatness Coach, Spain”.

El Dr Amit Nagpal entrevistó recientemente a Michael Thallium. Si deseas leer la entrevista original en inglés en la página del Dr Amit Nagpal, por favor, utiliza el siguiente enlace: “Interview with Mr Michael Thallium, Greatness Coach, Spain”.

A continuación, la entrevista adaptada al español:

Cuéntanos algo sobre tu estilo único de coaching o “greatness coaching”.
Antes que nada, quisiera agradecerte realmente la oportunidad que me brindas de hablar de ello en tu blog. La idea de greatness coaching (coaching para la grandeza) me vino hace un par de años cuando leí un “gran” libro de Stephen R. Covey, El 8º hábito, en el que se explica cómo dar el gran salto de la eficacia a la grandeza, es decir, encontrar tu “voz” y ayudar a los demás a que encuentren la suya también. Y ello aprovechando nuestras inteligencias corporal, mental, emocional y espiritual. Una de mis influencias es también la neurociencia y el trabajo de Howard Gardner, especialmente sus cinco mentes para el futuro: la disciplinada, la sintética, la creativa, la respetuosa y la ética.

Reformulando las palabras de Mark Twain, como muy bien hiciera Carmen Cayuela, Coach PCC y especialista en inteligencia emocional y de quien aprendo constantemente: “No renuncies a tus ilusiones y tus sueños. Cuando desaparezcas, seguirán existiendo, aunque hayas dejado de vivir. La verdadera trascendencia es trascender… en los demás“.

Creo que hay algo grande dentro de todos nosotros, solo que tenemos que encontrar lo que es. Cuando las personas hablan de lograr objetivos, principalmente piensan en términos de “eficacia”, lo cual está bien, pero ¿qué ocurre si, en lugar de eso, el objetivo final es la grandeza? Creo que entonces abrimos un espacio nuevo para el coaching donde la transpersonalidad tiene un papel clave. Ultimamente sigo el trabajo de una gran translíder de la cual estoy aprendiendo mucho: Jennifer Sertl.


¿Cuál es la importancia de la comunicación para lograr la grandeza? ¿Puedes explicárnoslo con algunas experiencias de clientes o coaching?
¿Quién es la persona con la que más hablas durante toda la vida? ¡Tú! Nos pasamos el tiempo hablando con nosotros mismos continuamente, comunicándonos con nosotros mismos. Y esa comunicación interna afecta al modo en que uno se comunica con los demás y viceversa: el modo en que uno se comunica con los demás afecta al modo en que uno se comunica consigo mismo. ¿Cuál es la base de una sesión de coaching? La comunicación. Y esta comunicación en una relación de coaching requiere la escucha empática y el silencio del coach también. El silencio resulta muy elocuente.

He conocido a muchas personas de diferentes culturas, nacionalidades y condición social. En mi experiencia, la comunicación -que como ya he dicho anteriormente conlleva una gran dosis de escucha empática- ha sido el punto de encuentro para resolver conflictos. Antes de hacerme coach autónomo, aplicaba el coaching en el modo en que lideraba equipos de trabajo (las cosas se administran o gestionan; las personas, se lideran). Recuerdo que una vez me asignaron un proyecto en Nueva Caledonia para hacer un cierre de operaciones. Mucho antes de ir allí, sabía que el objetivo de la empresa para la que trabajaba era hacer el cierre y enviar a la gente a casa, y yo tenía unos tres meses para lidiar con esa situación. No voy a entrar en detalle, pero digamos que, por un lado, la empresa no quería que los empleados se enteraran de que los iban a despedir y, por otro, yo tenía que abordar la situación en aquel remoto lugar a miles de kilómetros de distancia de la oficina central en Europa.

Pasé un mes entero entrevistándome con unas 150 personas -y cuando digo “entrevistándome” quiero decir al estilo”coaching”- de forma que todas y cada una de aquellas personas pudieran tener la oportunidad de sentirse escuchadas. Utilicé la comunicación directa para generar confianza, una buena relación, para aumentar la conciencia y la responsabilidad, es decir: crear un entorno de trabajo en equipo tan bueno como fuera posible. ¿Cuál fue el resultado? Sí, al final se despidió al 95% de personas, pero lo supieron dos meses antes de que eso ocurriera, no en el último minuto -la empresa temía que si los empleados lo supieran, dejarían de trabajar por falta de interés y compromiso. Sin embaro, y esto es lo interesante y “grande” del asunto, liderar a las personas con un estilo “coaching” contribuyó a crear un entorno donde, me atrevería a decir, nadie se sintió engañado y los empleados siguieron trabajando a un gran nivel hasta el último minuto que duro aquel proyecto. Y me gusta pensar que todos guardan un buen recuerdo de aquellos tres meses que pasamos juntos. Tan solo intenté ayudarles a sentirse y ser “grandes” en circunstancias desfavorables.

También utilizo el coaching en la enseñanza de idiomas en empresa, sirviéndome de las conversaciones para elevar la consciencia y la responsabilidad en el proceso de aprendizaje.

Ahora, hablando del coaching ejecutivo, me he encontrado con que hay personas muy exitosas en los negocios que temen hablar en público y eso les hace sentir que no saben comunicar. Esa sensación puede impedirles medrar en sus carreras o, cuando menos, no disfrutar de ellas. Abordar la comunicación en un nivel distinto por medio del coaching con inteligencia emocional puede servir de gran ayuda.


Cuéntanos sobre tu viaje como coach.
Creo que el viaje de un coach es un viaje para toda la vida. La primera vez que tomé consciencia de la palabra “coaching” fue en 2003. Estaba yo en algún aeropuerto y vi un libro de Talane Miedaner titulado “Coaching para el éxito”. Le eché un vistazo y me dije algo así como: “Vaya, se parece a lo que hago y a mi modo de entender las relaciones humanas…” Así que lo compré, lo leí y lo puse en práctica conmigo y con uno de los equipos que me tocó dirigir por aquella época. Sin embaro, como dije, esa fue la primera vez que tomé consciencia de la palabra “coaching”. Cuano miro atrás, me doy cuenta de que ese solo fuel el momento en el que puse nombre a algo que, de alguna manera, llevaba dentro de mí desde hacía mucho tiempo.


Si tuviera que decir cómo terminé siendo coach, tendría que decir que, principalmente, por medio de la lengua (comunicación). Cuando digo “lengua”, quiero decir “lengua” en el más amplio sentido de la palabra, lo cual incluye la música. Siempre he andado fascinado con el sentido y los sonidos de las palabras, por sus orígenes. Cuando era pequeño, me recuerdo mirando los diccionarios para encontrar el significado “exacto” de tal o cual palabra. Me encanta “La selva del lenguaje”, un gran libro del filósofo español José Antonio Marina, a quien sigo desde que lo publicó.

Por un lado, estaba mi querencia por las palabras, la filosofía y las artes (particularmente la música) y, por otro lado, mi curiosidad científica. En el bachillerato superior, elegí la rama de ciencias y más tarde, después de algunas aventuras, terminé estudiando traducción e interpretación (español, inglés y alemán) en la universidad, especializándome en traducción técnica e interpretación. Cuando terminé los estudios, trabajé de intérprete un tiempo, pero pronto lo dejé y decidí dedicarme a algo distinto: animador turístico. Me gusta la palabra “animador”, que viene del latín “anima”, que significa “alma”. Así que, esencialmente, un “animador” es alguien que reparte pedacitos de alma a los demás, con lo cual tienes que tener un gran alma para compartir, porque esa actividad consume mucho tiempo y energías. Después, cambié la animación turística por la gestión hotelera y, más tarde, terminé trabajando en barcos de crucero. Eso fue allá por 2002.

Trabajé en barcos de forma intermitente desempeñando distintas funciones y, después, volví a trabajar en tierra para una cadena hotelera a la par que me embarqué en un doctorado en comunicación y discurso y, luego, regresé de nuevo a los barcos. En 2008, di la vuelta al mundo trabajando de director de hotel en un buque de crucero. A pesar de los muchos retos, guardo muy buenos recuerdos de aquel viaje alrededor del mundo, especialmente porque tuve el honor y privilegio de tener al mejor chef con el que jamás haya trabajado: Bernard Barretto. Todos lo llamaban Chef Barretto. A mí me gusta llamarlo Bernard. Barreto era de la India, y si lo menciono aquí es porque sin él, aquella vuelta al mundo habría sido muchísimo más dificultosa y si hay algún éxito que se me pueda atribuir de aquella empresa, desde luego, el mérito y el éxito pertenecen a este hombre con quien compartí largas y enriquecedoras horas de conversación. Y aquí, así, le expreso mi reconocimiento público. No olvidemos que el reconocimiento es muy importante en coaching.

Cuando regresé a Madrid en el verano de 2008, decidí escribir una tesis doctoral sobre comunicación, coaching y mundialización (aún sin terminar) en la Universidad Rey Juan Carlos I, y me hice coach autónomo. También decidí aumentar mi experiencia autodidacta como profesional del coaching certificándome en coaching integral por el Instituto Internacional OlaCoach.

Mi proyecto Greatness Coaching Research (investigación para el coaching de la “grandeza”) es tan solo el embrión de un proyecto vital mayor: mi visión de crear una institución para potenciar la creatividad y el empoderamiento de personas en Asia, África y América Latina. ¡Un largo y emocionante camino por recorrer!


¿Qué papel desempeña la música en el coaching para la grandeza?
La música es parte de mí. De hecho, en mi forma de hacer coaching, procuro combinar la lengua, la música y la mundialización. Estudié piano de pequeño, pero nunca terminé los estudios de música. Entonces, muchos años más tarde, cuando tenía 28 años, me compré una guitarra acústica de cuerdas de metal y comencé a aprender a tocarla por mi cuenta. A veces me uno a músicos para tocar, pero no vivo de ello por el momento.

Como dije al principio, una de mis influencias en coaching es la neurociencia, y aquí me gustaría mencionar a tres personas: Oliver Sacks, cuyo fantástico libro “Musicofilia” me sirvió para adentrarme por primera vez en el “cerebro musical” y descubrir nuevos senderos; Aniruddh D. Patel, cuyo trabajo “Music, Language and the Brain” (música, lengua y cerebro) me iluminaron en el empleo de nuevos conceptos y tecnologías para investigar las asociaciones neuronales de la música; y Rachel Flowers, una niña ciega de 17 años (en el momento en que escribo esto) a quien considero un genio y ejemplo de grandeza como persona y música (si aún no la conoces, echa un vistazo a Youtube…).

Pero hablemos de coaching. Tomemos una orquesta, por ejemplo. Para mí es una metáfora perfecta que representa no solo el trabajo en equipo y los diferentes estilos de dirección, sino también nuestro cerebro o, si se prefiere, nuestras distintas personalidades. Cada músico de la orquesta representa una “voz” distinta (personalidad) que quiere que la oigan, que quiere ser comprendida, y hay un director de orquesta que es quien les da la oportunidad de hablar… o no. Creo que cuando se trabaja con coaching e inteligencia emocional, esta metáfora puede resultar muy útil para el coachee (la persona que recibe el coaching).

Mi nombre, Michael Thallium, también es un producto de la música. Poco después del fallecimiento de Freddie Mercury, estaba yo en una clase de química y tenía una tabla periódica en latín. La verdad es que no estaba prestando mucha atención al profesor. Me di cuenta de que al lado del mercurium se encuentra el thallium. Así que me dije a mí mismo: “Hmmm, Freddie Mercury… ¡Michael Thallium! Utilicé ese nombre como pseudónimo durante algunos años hasta que lo registré como mi nombre profesional.

Háblanos de tu concepto de humanocracia.
Este concepto se me ocurrió mientras estaba sentado en una cafetería hace algunos años, en 2005. Suelo ir acompañado de un cuaderno en el que anoto ideas. Por aquel entonces, estaba harto -aún sigo estándolo- de malas noticias y de los distintos nacionalismos de los que hablan en los medios de comunicación. Dicen que la “democracia” es el mejor sistema hasta el momento. Esta palabra proviene del griego y significa “gobierno del pueblo”. Entonces, mi reflexión fue: “No sé si este es el mejor sistema o no, pero seguro que puede haber un sistema mejor”. Llamé a este sistema, “humanocracia” (gobierno de seres humanos). ¿Cuál es entonces la diferencia? Creo que mientras haya un “demos” (pueblo), seguirá habiendo nacionalidad y, por ende, cierto tipo de nacionalismo. Sin embargo, si consideramos que las personas son seres humanos independientemente de su nacionalidad, entonces se puede crear un sistema basado en el gobierno de seres humanos. A esto lo llamo humanocracia. No estoy diciendo que este sea “el” sistema, pero pienso que es gran paso hacia un futuro mejor en el mundo. Tiempo más tarde, gracias a Internet, descubrí que, al parecer, alguien llamado José Giácoma ya había escrito en 1958 un libro sobre economía titulado “Humanocracia” (quizás algún día llegue a mis manos un ejemplar para leer lo que pensaba ese señor). En cualquier caso, preferiría tener una humanocracia a una “guerrarquía”.

Amit NagpalAmit Nagpal tiene un master en administración de empresas (marketing) y un doctorado en Marketing digital y de nuevos medios. Ha estado asociado con el campo de la gestión de marca y medios de comunicación durante los últimos 15 años. Tuvo un embriagador comienzo profesional en ventas. Amit Nagpal ha trabajado en mandos intermedios con Sage Publications y  Sahara TV, donde participó en el lanzamiento de varios productos, relaciones con los medios y actividades de creación de marca. En el WLC (Wigan and Leigh College) como jefe de departamento, participó en la creación de contenidos mundiales para nuevas materias así como en el desarrollo de pedagogía para la formación basada en procesos.

Su blog en inglés, “The Joys of Teaching” (un blog sobre mantras vitales para un éxito sostenible) se lee en más de 100 países y el número sigue aumentando a medida que se divulgan sus palabras día a día.

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